Gonzalo Zegarra Mulanovich, Director de Perúeconómico
Esta XXVIII Encuesta del Poder –que se difunde por primera vez en Perú Económico– parece corroborar algo que muchos opinadores vienen afirmando (o a veces denunciando): que en la actual coyuntura grandes poderes han recaído en el empresariado, la actividad económica e incluso “la derecha” (identificada sociológicamente como la defensora del mercado). Ello se observa en las respuestas sobre las dicotomías izquierda vs. derecha, agentes económicos vs. políticos, mercado vs. Estado, gremios empresariales vs. sindicatos de trabajadores, etcétera; así como en el hecho de que por primera vez aparezcan tres empresarios entre los 10 peruanos más poderosos. En años anteriores, incisivas críticas a la Encuesta del Poder incidían simultáneamente en su alegada poca representatividad –porque recaba únicamente las percepciones de “los líderes de opinión”– y en que sus resultados subestimaban el verdadero poder de las élites económicas. Esta vez algunas de las preguntas de la encuesta fueron planteadas tanto a los líderes de opinión como a la opinión pública en general. Sorprendentemente, en la percepción de los ciudadanos de a pie el listado de los top ten sólo incluye a un empresario, y en último puesto. La mayoría de ciudadanos, pues, no atribuye tanto poder a los empresarios como los muy bien informados (y ciertamente más intelectuales) líderes de opinión. ¿Sobreestima entonces la Encuesta del Poder la influencia de las fuerzas del mercado, las empresas y los empresarios? Si tomamos en cuenta que los consultados –a diferencia de lo que mucha gente cree– no provienen exclusivamente del entorno empresarial, sino que hay además una importante presencia de intelectuales, profesionales, periodistas y “oenegeístas”, se vislumbra el impacto que ciertos prejuicios académicos podrían estar ejerciendo. Además, no por intelectuales están estos líderes de opinión exentos de contradicción. Así por ejemplo, llama la atención que opinen masivamente que los líderes empresariales son más poderosos que los sindicales, pero en la pregunta sobre el poder de los “líderes gremiales” (que abarca ambas categorías) gane –con enorme ventaja– un dirigente de los trabajadores. Ahora bien, la alta aprobación al actual régimen entre los líderes de opinión –casi inversamente proporcional a la observada entre la opinión pública (pág. 4)– sugiere que no están precisamente descontentos
con el modelo económico. No obstante, es ostensible la disminución del optimismo (respecto, por lo pronto, del año pasado) en las respuestas en torno a si el Perú mejora o no, y a la previsible situación de determinadas políticas públicas cuando termine el actual mandato presidencial. Vale la pena advertir que si en determinados rubros del poder sectorial se incluyen más personas que en otros, ello se debe a que el último de cada lista debe alcanzar, por cuestiones metodológicas, un porcentaje mínimo de votos para que el resultado sea representativo. Asimismo, quisiera recordar a los lectores que –como es habitual– todo el personal con relación laboral con cualquiera de las empresas del Grupo APOYO ha sido deliberadamente omitido de los resultados.
Perúeconómico. Volumen XXXI/No.9/ Setiembre 2008
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